Control y estrés


No nacemos aprendidos, nos formamos y moldeamos según nuestro entorno. Siendo así, no debería extrañarnos ser parte responsable de las decisiones de nuestra prole, de sus éxitos y fracasos. Es un circulo vicioso, porque somos el resultado de lo que nuestra familia ha hecho de nosotros, y así, lo que escogemos viene soportado por una carga conductual en parte heredada, en parte modificada por lo que decidimos implementar o modificar, conscientes o no de ello.

Me causaba risa cuando estas personas de las nuevas corrientes de pensamiento que para mi conocimiento inició con Conny Méndez y su onda esotérica metafísica, hablaban de un “nivel de consciencia”; sin embargo, actualmente entiendo que si puede ser, que despertamos y nos hacemos conscientes, de que sí le gritamos a nuestro esposo nuestros hijos aprenderán del irrespeto, que cuando decretamos cosas como “todas las mujeres de esta familia han quedado solas”, no solo nos condenamos nosotras, sino que condenamos a nuestras hijas y nietas. Viéndolo de esta forma vale la pena buscar la manera de romper paradigmas que nos etiquetan, porque con ello aportamos un grano de arena a la felicidad de las futuras generaciones familiares.


Es por esta razón que siendo ingeniero, me he propuesto en redondear los vértices del pensamiento cuadriculado que estigmatiza al ingeniero por vocación. Decía Conny Méndez que como es abajo es arriba. Como somos en nuestro hogar somos en nuestro trabajo, la diferencia es que quienes nos rodean en el trabajo no es una amorosa familia que se hace tolerante a tus defectos. Quién se hace una mejor persona lo refleja en los diferentes aspectos que integran su vida.

Control.

Cada mañana enloquezco con la cocina, es que por más que se organice el día anterior pareciera cobrar vida en la noche y amanecer en total caos; mi pareja se encarga de fregar en la mañana y poner un poco de orden… simplemente no lo hace como yo lo hago. Mi hija estaba intentando barrer hace unos días, me desesperó la forma en que lo estaba haciendo y le quite el cepillo y terminé el trabajo… ¡No lo hace como yo lo hago!. Hace pocos días fui a llevarle café a mi madre; ella desestimó la forma de entregarle la taza, la sacarosa y la cuchara y me dio instrucciones detalladas para servir el café sin ensuciar una cuchara… es que no lo hice como ella lo hace.

Y así señores, así en ese justo instante me hice consciente de que mi conducta heredada será parte de esas manías que dejaré como una marca en mi hija. Y así sucede que nunca es satisfactorio el trabajo de mis homólogos en la empresa, no lo hacen como yo lo haría. Comprendí la preocupación que me embargo cuando delego algo en otros. Entendí porque mi jefa dice que nunca dejo de “ayudar” a quienes deberían saber, como yo, como hacer las cosas.

Menos control, menos estrés.

Es de esta manera que comprendí que al declarar a las demás personas “competentes y autónomos” es aceptar que el prójimos tiene sus propias capacidades, y, a su estilo, encontrará el medio de obtener el resultado solicitado.

La realidad es que por más que nos quejemos de nuestros empleos, muchos tenemos la dicha de amar lo que hacemos, pero también cometemos el error de declararnos dependientes de la actividad que realizamos; damos prioridad al empleo sobre las cosas que realmente son importantes, y hacemos cosas indebidas con la falsa esperanza de convertirnos en personas indispensables para la organización. ¿Una gran verdad? Para tu organización o la mía nadie es indispensable. Has lo mejor que puedas, no te conviertas en el tipo que acapara la información y que nunca ayudará a otros porque “no sabe” a conveniencia. O en el respingado al que nada le parece correcto o satisface. 

Ayuda a los otros, enséñales cómo hacerlo y suéltalos. ¿Cómo no confiar en alguien a quien tu mismo le enseñaste como hacerlo?. Además, el hecho de “soltar” te libera a ti mismo. En tu familia, en la empresa, en tu entorno, nunca niegues aquello que puedas aportar. Es como cuando enseñas a tus hijos a atarse los zapatos, luego ellos no tienen que pedírtelo más; transporta esta experiencia a otros aspectos de tu vida. Quizá cuando tu hija decida hacer el almuerzo, la comida no le quede grandiosa, pero si la felicitas y alientas, le enseñas y no le suprimes la iniciativa, en algún momento degustarás sus propias creaciones.

Una vez más, gracias por visitar mi blog. Nos leemos en la próxima gota de inspiración.

Lysmar Acevedo.

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